El Perú -gracias a Dios-, es un país con enormes potencialidades naturales, humanas y culturales; pero, políticamente fracturado, democráticamente débil con partidos políticos caudillistas, cívicamente con bajos niveles de patriotismo, económicamente primario exportador y dependiente, socialmente muy desigual, poblacionalmente en transición demográfica, sociopolíticamente con reconciliación pendiente, ambientalmente en serio e irreversible proceso de deterioro, históricamente maltratado, científicamente detenido, tecnológicamente sin innovación, territorialmente muy mal demarcado, etc., etc.
Todo esto -entre otras razones- porque en 190 años de vida independiente, se ha cambiado 13 veces la Constitución, casi la mitad de este tiempo ha estado a cargo de gobiernos de facto, y como tal, aún no tenemos un Proyecto Nacional con una visión compartida de desarrollo de largo plazo. Pensábamos que el Acuerdo Nacional -producto del más alto nivel de concertación y consensuación que se haya alcanzado en el país-, cubriría ese vacío, pero todo sigue igual, porque quien accede al poder, sigue gobernando al margen de las políticas de Estado establecidas en dicha Carta de Navegación.
Si las naciones se unen para alcanzar un desarrollar conjunto (Unión Europea) y las economías se conforman en bloques regionales para obtener mayores ventajas financieras, ¿por qué los peruanos no podemos conversar y ponernos de acuerdo para lograr nuestro desarrollo?. Sencillamente, porque casi siempre carecemos de líderes visionarios, que inspiren confianza, credibilidad y compromiso, con ideas claras de cambio estructural y capaces de hacerlas realidad.
Ojalá que, el presidente electo Ollanta Humala gobierne más como líder que como político. Pero también, las organizaciones sociales y productivas de toda índole así como la ciudadanía en general, debemos de preocuparnos por impulsar la construcción de procesos de concertación y consensuación para alcanzar el desarrollo integral y el bienestar social de nuestro país.
Pero para avanzar en estos procesos, urge identificar los grandes problemas controversiales y establecer las estrategias básicas para llegar a soluciones compartidas. En consecuencia, a mi juicio los puntos críticos sobre las cuales debemos comenzar a conversar y concordar de inmediato son la conclusión de la reforma constitucional o la convocatoria de un nuevo Congreso Constituyente, la aplicación del impuesto a la sobreganancia minera, telefónica y otras actividades económicas que están obteniendo enormes sobre utilidades, la macrorregionalización del país para constituir regiones basadas en una organización social del territorio y sus potencialidades y para lograr el desarrollo integral sostenible y sustentable, la ansiada revolución educativa, la revocatoria de congresistas y del Presidente de la República para garantizar el cumplimiento de los compromisos asumidos y acabar con la demagogia, la despenalización o no del aborto o del narcotráfico para establecer políticas poblacionales que aseguren el desarrollo humano, la reestructuración del Poder Judicial para alcanzar una verdadera justicia, la reestructuración de las FF.AA. para garantizar la soberanía nacional y la paz, el fortalecimiento del sistema nacional de defensa civil y la gestión de riesgos, etc.
Considero que estos temas son -entre otros- de preocupación nacional y no pueden mantenerse en suspenso o en secreto, sino "tomemos a los toros por las astas"
MARIO VILLAFUERTE VICENCIO
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