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Gladys Olortegui

Huaraz: Sabado, 02 de Agosto de 2008
Gladys Olortegui Natural de Ancash, Periodista licenciada, egresada de la Universidad Santiago Antunez de Mayolo, con amplia experiencia en radio, television y prensa escrita, pese a su juventud ha logrado avances significativos en su carrera profesional

50 AÑOS DEL DERECHO AL VOTO DE LA MUJER
Huaraz: Sabado, 02 de Agosto de 2008
Este miércoles 7 de septiembre, Día de los Derechos Cívicos de la Mujer, se cumplen 50 años del derecho que tienen las mujeres peruanas a elegir y ser elegidas. Este logro obtenido en 1955 luego de grandes debates y discusiones de la clase política de la época tuvo como fuerza principal la lucha indesmayable de mujeres como Clorinda Matto de Turner, quien propugnó el derecho a la educación para las de su género; María Jesús Alvarado, quien fundó la primera asociación feminista del Perú, y Zoila Aurora Cáceres quien proclamó el derecho de la mujer al voto político y a la igualdad jurídica.

La Reforma Constitucional que permitió el voto femenino estableció que sólo podrían ejercer este derecho las mujeres que supieran leer y escribir, tuvieran más de 21 años o fueran mayores de 18, siempre y cuando estuvieran casadas.
 
  En este marco, en las elecciones de 1956, las mujeres participaron por primera vez del proceso electoral como electoras, miembros de mesa y candidatas, resultando elegidas nueve representantes.

Ellas fueron las diputadas Lola Blanco de la Rosa Sánchez, Alicia Blanco de Montesinos, María Eleonora Silva Silva, María Colina de Gotuzzo, Manuela Billinghurst, Matilde Pérez Palacio Carranza, Juana Ubilluz de Palacios, Carlota Ramos de Santolalla y la senadora Irene Silva de Santolalla.

Una de las primeras batallas que protagonizaron las mujeres para lograr esta apertura hacia la igualdad cívica se dio en el terreno de la educación. Si bien es cierto la educación primaria se hizo obligatoria en 1866 para hombres y mujeres, la educación secundaria se dirigió excluyentemente a los varones; y la lucha mayor fue por el derecho a la educación superior. Las mujeres no se dieron por vencidas y además de seguir propugnando la igualdad educativa se convirtieron en soporte fundamental de las Jornadas de Mayo de 1912 y de la lucha por la jornada de las ocho horas.

Todos estos cambios de actitud originaron diferentes reacciones en la élite política masculina. Nadie podría imaginar que José Carlos Mariátegui, uno de nuestros más reconocidos pensadores, se mostrara -en un primer momento- encarnizadamente en contra de otorgarle a la mujer el derecho al voto. En 1915, en relación con un congreso femenino sobre la paz que se desarrollaba en La Haya, escribió:

“este feminismo dogmático y petulante que tiene su más antipática pretensión en el derecho al voto... Yo no concibo a la mujer abandonando el ritmo encantado de su vida quieta y tornándose vocinglera, correcalles y exaltada como uno de nuestros capituleros criollos... A todas las sufragistas me las imagino nurses histéricas, a cuyos oídos ninguna voz caritativa deshojó jamás la flor de un requiebro”.

 

 

¿POR QUÉ EL 7 DE SETIEMBRE?


En las primeras luchas por la independencia del Perú, la presencia de la mujer fue cuando menos significativa. Micaela Bastidas, María Parado de Bellido, y otras heroínas anónimas que lucharon junto a los varones por la libertad de nuestro pueblo, revelan la acción decisiva de la mujer en esta causa.
La proclamación de la independencia no alcanzó a reivindicar a la mujer en su legítimo derecho de ciudadana libre (con derecho a elegir y ser elegida), como sí lo hizo con los hombres, desperdiciando impunemente un enorme caudal electoral.

Se estima que la cifra de mujeres al menos triplicaba a la población de varones en el siglo pasado.

Acaso tal cantidad de votos desperdiciado pudo haber cambiado el curso de nuestra historia republicana, al privilegiar con su elección a algún gobierno que pudo sentar las bases de un verdadero estado moderno y progresista.

La historia nos recuerda que ciento treinta años después que el Perú iniciara su vida republicana, la mujer obtuvo el legítimo derecho que la acreditó como ciudadana de un país libre, tras muchos años de marginación. Es así como en setiembre de 1955, durante el gobierno del General Manuel A. Odría, se reconoció el derecho al voto para la mujer, según ley N° 12391. Su artículo 84 expresaba: "Son ciudadanos los peruanos varones y mujeres mayores de 18 años y los emancipados", ello significó para la mujer su derecho político al sufragio y la categoría de ciudadana.

Fue para las elecciones de 1956 donde se eligió a la primera senadora y a la primera diputada en las personas de Irene Silva de Santolalla y Matilde Pérez Palacio, respectivamente. Sin embargo, esta misma ley excluía a la población analfabeta constituida mayoritariamente por mujeres. Recién en 1979, se permitió el voto de las y los iletrados, quienes votaron por primera vez en las elecciones nacionales de 1980.
En 1997 se promulga la Ley Orgánica de Elecciones y la Ley de Elecciones Municipales, estableciendo un sistema de cuotas de 25% de participación de la mujer en las listas electorales. Posteriormente, en diciembre de 2000 se modifica la Ley Orgánica de Elecciones, elevando la cuota de participación política de mujeres del 25% al 30%.

La Ley de Partidos Políticos N° 28094, que estableció una cuota de género del 30% al interior de los partidos políticos, representó en el 2003 uno de los acontecimientos legislativos más importantes del año.

La aprobación de estas leyes servirá además de instrumento de análisis sobre los avances obtenidos en torno a la participación política de la mujer peruana.

LAS CUOTAS DE PODER


Las cuotas de participación política o cuotas electorales son acciones afirmativas que buscan promover de manera más rápida la participación de las mujeres en los cargos por elección popular y así lograr la igualdad entre géneros en cuanto a la representación política. Se le conoce también como medidas correctivas pues pretenden corregir situaciones de injusticia y discriminación.
El sistema de cuotas en América Latina tiene en la Argentina al primer país que estableció, en 1991, las cuotas para la mujer. Seis años después, en octubre de 1997, el poder legislativo peruano aprobó esta norma otorgando un 25% de participación femenina para Municipios y Congreso. En el año 2000 esta ley se modificó y se incrementó a 30% para el Congreso.

El 2002 la cuota se incrementó a 30% para los municipios, se incorporó en igual porcentaje para los gobiernos regionales, y se reconoció también la cuota de 15% para los pueblos originarios y comunidades nativas para los cargos municipales, provinciales y regionales. El año 2003 se incorporó en la Ley de Partidos Políticos la cuota equivalente a 30% para la elección a cargos de dirección del Partido y para la de los candidatos a cargos por elección popular (elección interna). El 2004 también se consideró la cuota de 30% para la elección de los representantes al Parlamento Andino.

En el proceso de discusión sobre las cuotas, el debate en el Perú no se diferenció sustancialmente del producido en 1955. Algunas expresiones decían que “se pretendía hacer entrar a la mujer por la puerta falsa” o que “la mujer no necesita ayuda”.

El movimiento feminista levantó el asunto del poder y la toma de decisiones basando su propuesta en lo aprobado en la Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en 1995. La Plataforma de Acción señalaba que la desigualdad entre las mujeres y los hombres en el ejercicio del poder y en la toma de decisiones en todos los niveles, contraviene la Declaración Universal de Derechos Humanos. Entre otras medidas se planteó adoptar acciones positivas que permitan la existencia de mujeres dirigentas en el nivel de la toma de decisiones y trabajar en la formación de mujeres y niñas para que estén en capacidad de ocupar puestos directivos.

Estas medidas de acción positiva significaban una estrategia para corregir errores y superar la discriminación histórica padecida por las mujeres. Si se reconocía esta discriminación, era posible tener la voluntad de superarla y promover la igualdad desde todos los ámbitos. En este sentido, el sistema de cuotas se planteó como una medida estrictamente temporal y transitoria. La cuota ha sido por tanto considerada como una oportunidad para competir en un mundo político muy complejo.

En la Ley de Partidos Políticos se ha previsto la cuota para la elección de los cargos directivos y en la elección interna de candidatos para cargos públicos. En las comunidades nativas y pueblos originarios la ley establece una cuota equivalente al 15% en las listas de candidatos a consejeros regionales y regidores provinciales.


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¡QUÉ PENA!, DRA. HILDEBRANT
Huaraz: Sabado, 02 de Agosto de 2008

Feliciano Padilla

Las discusiones de los parlamentarios durante la última sesión de trabajo acerca de la ley de conservación de las lenguas aborígenes, nos ha brindado la ocasión de conocer la verdadera calaña de algunas personas que nos representan en ese poder del Estado. Las torpezas y desatinos, otra vez, vienen de la doctora Martha Hildebrant, aquella señora encopetada que hace algunos meses protagonizó el ridículo más vergonzoso que uno pudiera imaginar. Impidió y prohibió –no se sabe con qué autoridad– que algunas representantes de la nación quechua juramentaran en su propia lengua el cargo de parlamentarias para las que habían sido elegidas por el pueblo.  Para la gran mayoría de peruanos y peruanas, este escándalo no pasó de ser parte del espíritu circense que, a veces, caracteriza la actividad de los “Padres de la Patria”. En medio de tantos problemas que nos agobiaban, el incidente no sirvió sino para dar rienda suelta a la mofa y chacotería, sabiendo que lo risible procedía de una señora con tufillo aristocrático.

Aquello pasó entre risotadas y comentarios para el cachondeo; sin embargo, la actitud y las frases expresadas últimamente por la misma señora Martha Hildebrand nos obligan a reflexionar con seriedad sobre la diversidad cultural y las reacciones que la ley de conservación de las lenguas aborígenes ha generado en los parlamentarios.

Los profesionales de lingüística y profesores de lengua de generaciones anteriores deben recordar que fueron la doctora Martha Hildebrant, los distinguidos maestros Alberto Escobar e Inés Pozzi-Escot, entre otros,  quienes se encargaron de fijar en la conciencia nacional el carácter multicultural y plurilingüe de la sociedad peruana. Que esta convicción de la diversidad debía llevarnos a defender el derecho de ser como somos los peruanos y peruanas en las diferentes regiones y, a hablar nuestras lenguas sin ninguna discriminación. A partir de entonces, afloró en el país -más en la Sierra y la Amazonía que en la Costa- la necesidad de abrir espacios interculturales para el diálogo y comprensión entre peruanos y peruanas de diferente cultura. Hoy, con el paso del tiempo, venimos a comprobar que la actitud y las palabras de la señora Hildebrant fueron simplemente parte de una pose lucrativa, ya que, cacareando de la cultura andina y del quechua fue que amasó fortuna, que se cubrió de gloria y fue aplaudida en los diferentes centros académicos de los países por donde anduvo llevando un discurso falsificado, por cuanto no se correspondía con su manera de pensar. Cuánta diferencia se observa si la comparamos con la actitud de los viejos maestros como Alberto Escobar, Pozzi-Escot, Alfredo Torero o Rodolfo Cerrón-Palomino. Yo fui alumno de Cerrón-Palomino, a quien respeto y admiro. El magisterio de los demás profesionales me llegó por las lecturas. Pero, igual; así como expreso mi admiración por algunos, no tengo ningún reparo para despreciar la actitud de la señora Hildebrant, no sólo porque menospreció anoche a quienes se expresaban en el Parlamento en quechua y defendían la ley de la conservación de las lenguas aborígenes, sino, por falsa, porque se aprovechó de nosotros para alcanzar éxitos intelectuales y económicos.      

Lo que no sabe Martha Hildebrant es que vivimos un mundo cambiante. Hoy, no hay necesidad de que hablen otros/as por nosotros/as. Los y las indígenas podemos hablar por nosotros/as mismos/as. Esto no le gusta a la doctora. ¡Mala suerte! Mucha gente como ella se la pasa hablando del indio, de la cultura andina o de las lenguas aymara, quechua o amazónicas, pero esconden sus verdaderos sentimientos hacia nuestra cultura. Para rematar, dicen: “Machu Picchu es el mayor símbolo del Perú, construido por la sabiduría y el talento de los indios, esencia vital de la peruanidad”. Pero, al indio y la india sólo quieren verlos/as en los museos y en nuestros conjuntos arquitectónicos como Machu Picchu, Tiwanaku, Sillustani, Saqsayhuamán, Chavín de Huántar o el Señor de Sipán; pero, cuando ven a un indio o india de verdad se les escarapela el cuerpo y expulsan sus odios contenidos, su menosprecio y su actitud discriminadora. Esto es lo que hizo Martha Hildebrant anoche frente a las parlamentarias cusqueñas y ayacuchanas que luchaban por lo suyo, por defender su modo de ser, pensar, hacer y hablar.

¡Qué pena, doctora Hildebrant! Usted no comprende que el mundo está cambiando y principalmente, los conocimientos. La ciencia formula hipótesis en renovación constante, no verdades absolutas. Antes hablaban por nosotros/as; hoy no los/as necesitamos/as -por lo menos para defender nuestros derechos-. Su conducta nos muestra que sus conocimientos pertenecen a aquéllos que se reverencian en las tapas de los libros o enciclopedias que usted conserva en su biblioteca en cantidad de diez mil, como lo afirmó anoche. La lingüística va por otros caminos y está alerta para propiciar en el Perú, no la discriminación, sino, el diálogo entre peruanos y peruanas que pertenecemos a distintas culturas. Usted todavía privilegia la competencia lingüística, ese maldito “expresarse bien” con el cual menosprecia a los/as demás y ha desdeñado a sus colegas parlamentarias por haber usado su propia lengua y por usar el español en su variación de “castellano andino”.  Se ve de lejos que a usted no le importa la competencia textual, discursiva o pragmática, que también son válidas para comunicarnos o estudiar el proceso de la comunicación.  Otra vez,  ¡qué pena, doctora Hildebrant! Algunos/as la tipifican de soberbia; sin embargo, todo indica que sólo es una petulante. Quedan atrás y, no le valen de nada, el hecho de que haya sido usted Sub Directora de la UNESCO o que sea la única mujer de la Academia de la Lengua.

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Diciembre: Mes que hace olvidar por un instante los problemas, es también una oportunidad para reflexionar.
Huaraz: Sabado, 02 de Agosto de 2008
Llegó Diciembre trayendo consigo la Navidad. Para muchos de retorno esperado al seno del hogar para compartir con la familia tan singular celebración; mientras que para otros, de tensión, malestar y frustración porque no podrán darle el regalo que sus hijos esperan. Sin duda, el poblador peruano sortea sentimientos encontrados inevitables. Y es que la navidad ha dejado de ser una celebración que conmemora el nacimiento de Jesucristo en un ambiente matizado de religiosidad y valores.

Las celebraciones navideñas de estos tiempos se han convertido en eventos comerciales de competencia de regalos; juguetes costosos que se exhiben en las vitrinas de los centros comerciales como invitando a ser llevados a casa, y por consiguiente caritas tristes de los más pequeñitos porque  papá trabaja y el dinero que recibe no alcanza para cubrir la canasta básica y mucho menos para adquirir tan preciado regalo. Esa es nuestra realidad. Mucha tristeza en la mayoría de los hogares, ¿qué contradictorio no? si la navidad es época de felicidad, de encuentro, de paz, de solidaridad, de sonrisas y  abrazos de amor… porque ha nacido nuestro redentor; sin embargo, irónicamente es una celebración  en el que el protagonista no ha sido invitado, está el champán, el pavo, los dulces, el panetón y el chocolate, pero no está JESUS en nuestros corazones.

¿Cuántas veces hemos repetido casi mecánicamente “Feliz Navidad”… “Feliz Navidad” a nuestros familiares y amigos. Somos conscientes acaso del mensaje que compartimos al parafrasear lo señalado, en realidad estamos deseando que todos estén felices por el nacimiento del niño Jesús, que disfrutemos como si se tratara de la llegada a casa de un niño o niña esperada por los padres y familiares.

Recuerdos  de infancia

Haciendo memoria con ocasión de esta fecha, las navidades de mi infancia se celebraban sin arbolito ni nacimientos en cada casa, más que un inmenso y hermoso  portal de Belén en la iglesia de la localidad, en el que ángeles y pastores alegraban el ambiente navideño en espera del niño “Manuelito”.

Mis hermanos y yo, nunca esperábamos regalos ostentosos, la tradición familiar era más bien recibir ropa nueva por la ocasión especial y un gran almuerzo familiar que sin duda involucraba a toda la familia, pero nosotros nos reducíamos sólo a papá, mamá y hermanos o algún familiar lejano que decidía visitarnos.


Recuerdo esas navidades de mi infancia con cierta nostalgia, porque a pesar de la intención de regresar para esa fecha no se hace realidad aún; sin embargo espero que si Dios me regala años de vida podré hacer cristalizar  ese anhelo.

Luego de tantas añoranzas navideñas, sólo queda recordar que la verdadera Navidad es tener en nuestras vidas permanentemente al señor, y no solamente cada diciembre de los años que transcurren y se llevan nuestros recuerdos y niñez… hagamos que la navidad  se quede con nosotros…en nuestros corazones.


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Foto del Dia

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