Gracias a Dios, mis padres aún nos acompañan. Papá Magno con sus 78 años, vital, alegre, gracioso, excelente contador de chistes, es el regocijo seguro en casa cuando nos visita. No hay sobremesas de los almuerzos y cenas sin la chispa que hace gala frecuentemente. Mamá Rosalía - "Llusha" para sus nietos - seria, más bien reservada, con una increíble y brillante memoria, es el complemento ideal de mi padre. Ambos nos llenan de satisfacción con su presencia, y es que para los hijos no importa la edad, sólo queremos que estén allí con nosotros, a veces convertidos en niños que requieren de mucho cariño, comprensión y dedicación, en muchos de los casos. Gracias Dios, por darnos ese regalo de tenerlos vivos a nuestros padres.
Hago este preludio, porque recientemente fui testigo de un doloroso encuentro entre hermanos que reciben y llegan de los lugares más lejanos para acompañar a su última morada a quien le dio la vida, don Juancito, padre de mis dos queridos amigos, Nilton y Sonia Rodríguez. No importa cuántos te vean llorarle a ese ser que te cobijó, te arrulló, te amó como nadie. Allí los vi a los hermanos Rodríguez - Soto, acongojados abrazados flanqueando el féretro de su padre en la sala de su casa que posiblemente también les trae muchos recuerdos y nostalgia de esa niñez matizada de travesuras y llamadas de atención.
A don Juancito, lo vi sólo una vez, en una reunión familiar que muy gentilmente me invitaron Sonia y Nilton, allí descubrí lo amoroso que eran con su padre. Aún disfrutaba del ritmo de la música y de la compañía de los invitados.
Don Juan Ladislao Rodríguez Padilla, se fue un 11 de enero, luego de celebrar sus 94 años bien vividos. Su lucidez y temperamento alegre fue cómplice perfecto, supongo, para la relación con sus nietos, quienes amorosos evidencian en sus mensajes vía internet, su pesar por no poder acompañarlo en esa despedida inevitable rumbo a lo que será su hogar, el camposanto.
La tierra que lo vio nacer, Pampas Grande, está de duelo por un hijo que no sólo tuvo la dicha de nacer allí, sino también de servir a su tierra a través de cargos como Alcalde y Teniente Gobernador.
Nilton, amigo, recogiendo la dedicatoria que hiciste en ese gran pequeño libro: De Teresa de Calcuta: "Para mi gran amiga y cuasi hermana..." , igual te reitero mi más grande afecto con esa relación de hermana que nos une y hacerte llegar mis sentimientos de pesar por la partida de tu padre. Que descanse en paz.
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